El mayor acto de fe
Escribí este poema después de una experiencia muy íntima el pasado fin de semana, en la que algo en mí recordó una verdad simple y profunda: que tal vez el mayor acto de fe es conmigo misma.
Creer en mí.
Saberme suficiente.
Confiar, aun en medio del no saber.
De esa intuición brotó este poema: una ofrenda silenciosa a todo lo que no se controla… pero sí se entrega, y a la belleza de saberse parte del misterio.
Quizás el mayor acto de fe
es una inhalación… y una exhalación.
Quizás el mayor acto de fe
es la madre que se abre
al misterio que la atraviesa
para dar a luz lo desconocido.
Quizás el mayor acto de fe
es la hoja que no se resiste
cuando el viento la llama
y se deja caer.
Quizás el mayor acto de amor
es también un acto de fe:
soltar,
confiar,
creer.
Quizás el mayor acto de fe
es consigo,
es mirar al interior y saberse suficiente:
me creo,
me confío,
me abrazo en el misterio que me habita.
Quizás el mayor acto de fe
es el de la gota
que no teme hundirse en el océano,
porque intuye
que al rendirse ante el gran misterio
no se pierde,
se expande.
O el de quien, al fin,
se sabe gota
y se sabe océano.
Humilde.
Reverente.
Ante lo que es.
Ante lo que somos.
Ante el gran misterio.
Quizás el mayor acto de fe
es disolverse en lo que es.
Y quizás —solo quizás—
lo inmenso se vuelve gota
para saberse a sí mismo.
¿Cuál ha sido tu mayor acto de fe contigo? Tal vez hoy puedas recordarlo.

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